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Pasaron las fiestas. Sin pena ni gloria. Sin ningún provecho ni recuerdo que merezca la pena. El año que viene tendré que hacer un esfuerzo para recordar qué hice. Y no me voy a tomar la molestia de recogerlo aqui porque ya estoy harta de las medias tintas. Lo mejor es que ya estoy por fin en Madrid, de nuevo. Con miles de cosas por hacer y en las que distraer la mente. Más de las que deberia y me gustaría. Y proyectos. Propósitos de Año Nuevo también, si se quieren llamar así por el momento presente. Todo el mundo los hace en mayor o menor medida. Sólo algunos los cumplen. Supongo que aquellos que gozan de un sentido de la disciplina del que yo carezco por completo.

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Tengo un propósito en mente desde hace unos días. De esos que siempre planeo y nunca realizo, pero que me aportan la pequeña dosis de ilusión lúdica que hace que todo sea menos pesado. Este es un propósito atemporal. No tiene fecha de caducidad. Así no importa el tiempo que tarde en realizarlo. No tiene que ser este año, de hecho no tiene ni porque ser esta década. Cuando llegué llegará.

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Quiero escribir un pequeño relato de

esos de “Elige tu propia historia”.

Recuerdo esos libros de mi infancia, eran fascinantes, mágicos. Tenía unos cuantos. No sé cuantas cientos de veces pude leerlos. No había emoción mayor que la que sentía cuando, llegados a cierto punto de la historia, tenía la oportunidad de elegir el camino que tomar. –Si quieres hacer esto, vete a la página 40. Si quieres descubrir que pasa por aquí, vete a la página 36- Que maravilla! ser el dueño final de un destino de ficción, lleno de intriga y aventura! En las que algunas veces el desenlace era feliz y triunfal, en otras algo menos afortunado. En todo caso estos libros te proporcionaban vivencias espectaculares con sólo pocos años.

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Quizás el secreto encanto de estos libros era el poder comprobar lo que hubiera pasado si hubieras escogido la página 36 en vez de la 40. Con el tiempo y los años, te das cuenta cómo estos relatos te reproducían a una edad muy temprana, en una especie de preparación o entrenamiento personal, la esencia fortuita y casual de la vida misma, y el azar y la arbitrariedad de los acontecimientos (salvo por un pequeño detalle – En la vida real nunca sabes lo que hubiera sucedido si hubieras escogido la opción alternativa-)

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Quizás podría basarme en todos estos escritos de este blog y hacer un “elige tu propia historia” con todas las opciones que no he realizado. O quizás mejor que no, no vaya a ser que en algún momento del proceso creativo advierta tristemente que las opciones que no escogí pintaban mucho mejor que por las que finalmente me decanté. Ser libre para “elegir tu propia historia” no te da el derecho a disfrutar del mejor final. De hecho lo pone más difícil. A mayor libertad más riesgo.

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Pondré este propósito junto con los de comer sano, hacer deporte, y aprender otro idioma, esos que siempre cumplimos.

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Feliz año a todo el mundo, y con esto doy por clausurada la navidad más coñazo de toda mi vida.